WARNING! Chorizo de texto con spoilers incoming.
Centrésemele en el conflicto de intereses que Lulu ha cogido cual viruela el día de Carnaval: Nunnally es fiel a su palabra y suelta el megatón que, tristemente, a los japoneses les suena a chino. No es de extrañar, la última vez fue un desastre que acabó con una de las escenas mindfuck más memorables y nuestras pobres neuronas tiritando. En fin, que a pesar de sus buenas intenciones nuestra inválida preferida se ve rechazada. Y claro, eso no hay buen hermano que lo soporte. Lulu se cabrea, decide usar el catálogo de puntos de Movistar para hacerse con un móvil nuevo del tipo headset y se intenta tirar a Kallen. Craso error, amigo mío. En la Area 11 de Brittania, Kallen se te tira a TÍ. Paf, bmph, pupa.
Mientras tanto, Suzaku, que no se le escapa una, va y descubre un barco sospechoso. Oh sorpresa, era la Orden de los Caballeros Negros, menos mal que llevo a un ejército conmigo. Así, de repente, la Orden (y en concreto Kallen, CC y la loli) se ven en un apuro del que sólo podrán salir si Zero vuelve, o lo que es lo mismo, si Lulu supera su adicción a las drogas. Qué conveniente, ¿no?
Y así es, Buenhermano viene a la carga, con mil burbujas por banda, Knightmare a toda vela, que no surca el mar sino (literalmente) vuela, al rescate del sueño de Nunnally. Aunque era obvio desde diez minutos atrás, pero ha quedado bien.
Fin del chorizo. Capítulo que explora un poco más a los personajes principales y nos deja con otro giro argumental preparado. Nostamal, no señor. A ver que se cuece en el ocho. Espero que sea chorizo…
 
PS: Si alguien encuentra el chip de control de mi sentido del humor, que me lo devuelva. Gracias.
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