| Érase que se era un pequeño barrio de una gran ciudad. Y a ese barrio llega un día un joven estudiante de un lejano pueblo buscando darle algún sentido a su vida, reencontrándose a su vez con su mejor amigo de la infancia y descubriendo el amor por primera vez. Y ese barrio, Ikebukuro, cobra vida. Se convierte en un personaje más y alcanza el rol de juez y testigo de lo que este trío protagonista va a vivir allí. Porque lo que Durarara nos regala durante estos 24 capítulos no es la historia más compleja de la historia ni mucho menos, sino que cautiva al espectador desde el minuto uno con un universo totalmente vivo, donde decenas de personajes, a cada cual mejor, se van desarrollando paralelamente bajo una batuta que eleva el nivel de dirección a una cota sobresaliente. Pocas series hay donde un grupo coral tan grande como éste pueda presumir de que todos y cada uno de sus miembros se han ganado el derecho a ser conocidos y bien podrían protagonizar un spin-off. ¿Quién no estaría interesado en una serie sobre las locuras de Shizuo e Izaya? ¿O continuar con la relación de Celty y Shinra? Por suerte para todos las novelas de Durarara ya son unos cuantos volúmenes por lo que no es para nada descartable que vuelva a la pequeña pantalla en no mucho tiempo con una nueva temporada; al menos yo lo espero. En cuanto a la conclusión de esta primera etapa de DRRR, me ha parecido muy satisfactoria. Se ha puesto punto y final a la gran trama de Mikado/Anri/Kida con un aluvión de escenas, a cada cual mejor, y dando ciertas pinceladas de cómo queda todo tras los últimos incidentes. Quedan todavía muchos arcos abiertos, pero era algo que ya sabíamos de antemano y no creo que a estas alturas sorprenda a nadie. |
[anigraph:durarara,24]
Posts relacionados:








