Tras el salto, Baldus y purpledtentacle analizan el episodio seis de Yojo-han Shinwa Taikei
| Tres palabras son más que suficientes para resumir este capítulo: Hiyama FUCKING Nobuyuki. Al que tal vez recordareis por su papel de Viral en TTGL o por el de Madarame Ikkaku en Bleach. Y, a partir de ahora, también por su trabajo en Yojo-han como Johnny. Gran capítulo el de esta semana sin duda. Completamente distinto al resto que hemos visto hasta ahora (aunque el cuarto no se le queda lejos), el capítulo empieza con un Watashi prudente y sensato a la hora de elegir el club al que se va a apuntar. Lo más curioso es que, a diferencia del resto de capítulos en los que elegía el club simplemente por las chicas que se iba a encontrar en él, esta vez lo juzga como una herramienta que le podrá ser útil para algo más que para ligar, lo cual es un avance importante en el comportamiento de nuestro protagonista. Y no es el único avance que hemos visto últimamente. Como pudimos apreciar en el capítulo anterior, Watashi reconocía por fin su error y no le echaba la culpa a Ozu por haber malgastado los últimos años de su vida. Esto demuestra que a pesar de estar metido en un bucle (o mejor dicho, gracias a eso), Watashi está madurando poco a poco, aprendiendo a no repetir los errores que (seguramente) le han condenado a revivir una y otra vez sus años en la universidad. Otra de las diferencias más significativas de este capítulo está relacionado con los personajes. Hasta ahora era normal que el protagonista tuviera diferentes grados de confianza con los personajes secundarios, pero en este uno de ellos llega a convertirse en el eje central de la historia. Y lo que es más, un personaje tan importante como era hasta ahora Akashi directamente ni aparece. En cuanto a Ozu, sigue cumpliendo su papel aunque más discretamente, ayudando en esta ocasión a Watashi pero de manera indirecta e involuntaria. Aunque todo esto pasa a un segundo plano en el mismo momento en el que Johnny hace su aparición. Empezando con la competición entre Jougasaki y Watashi para ver quién aguanta más bebiendo alcohol (genial cómo se va deformando el dibujo a medida que se van emborrachando), el capítulo se convierte en un BIG LOL seguido de un WIN tras otro con ese Johnny y su caballo desbocado contrastando con la imagen de un Watashi que intenta mantener la compostura mientras acompaña a Hanuki a casa y se va metiendo cada vez más en la boca del lobo. De entre tantos momentos que resaltar yo me quedo con esa imagen de Johnny galopando hacia la puesta de sol justo antes de que Watashi le cierre la puerta. Toda una metáfora de este genial capítulo que demuestra, por si había alguna duda, que Watashi es todo un caballero y un romanticón. Sobre el final del capítulo, teniendo en cuenta que al final no se ve un rebobinamiento como en finales anteriores, que no se dice nada sobre el tiempo que ha pasado desde que Watashi se apuntó al club, y que al principio dice que se unirá a distintos clubs… hay muchas posibilidades de que el próximo sea una segunda parte de este. |
| Como dije en el análisis de la semana pasada, parece que esta serie se perfila cada vez más como una exploración mediante historias cortas de la etapa universitaria en Japón, centrándose en una serie de personajes arquetípicos que, lejos de permanecer estáticos sobre un fondo siempre cambiante, evolucionan constantemente dependiendo del enfoque que se adopte en cada ocasión. En este sexto episodio podemos ver como el cambio radical de dirección que se venía orquestando desde los episodios cuarto y quinto se completa magistralmente en dos sentidos; en un primero, que puede resumirse en un cambio de temática, enfoque y actitud bastante radical respecto de todo lo que hemos visto anteriormente y, en un segundo, que básicamente es una elección –y adición– bastante inusual de los personajes y elementos necesarios para contar la historia de esta semana. Ambas modificaciones se funden entre sí perfectamente, dando un resultado de homogeneidad que, junto con la familiaridad que tenemos a estas alturas con los personajes y elementos narrativos recurrentes, dan como resultado un fragmento de mosaico que brilla con luz propia. Que los personajes, con sus objetos y manías, sean siempre los mismos –a pesar de que evolucionen, como dije antes– mientras el fondo de Yojouhan varía con tanta frecuencia e intensidad, nos permite tanto empatizar más fácilmente con ellos como darnos cuenta perfectamente de cualquier modificación, por sutil que sea, que les ocurra; algo que, de estar en otra serie sin esta peculiaridad, probablemente no veríamos o tardaríamos mucho más tiempo en ver. Por poner un ejemplo, si no estuviéramos tan absolutamente familiarizados con la repetición constante de un feliz Watashi avanzando por un pasillo rosa de panfletos justo después de la canción de apertura, un plano del reloj sobre los pétalos de los cerezos en rosa pastel y las ilusionadas gafas de Watashi reflejando los distintos carteles de los clubes del campus, probablemente nos hubiera pasado desapercibida su actitud de no pienso cometer un error eligiendo que tiene en este episodio, cambio de monólogo incluido en el menú. Ya comenté en el análisis de los episodios anteriores que había motivos suficientes como para creer que Watashi era plenamente consciente del círculo en el que está metido. En este episodio no sólo esto se confirma, sino que funciona como un engranaje más que termina moviendo (en este caso, literalmente) la serie. Adiós a un Watashi que se sienta impasible a esperar que las cosas cambien por él; hola a un Watashi que con esa mirada que asusta al final del episodio podría convertir una montaña en arena con sólo desearlo. Ozu queda relegado casi a un segundo plano durante toda la acción, ya que es el propio protagonista quien dirige toda su actuación sin necesidad de que nadie le empuje maliciosamente. Quizás por eso Akashi, como elemento que se contrapone a Ozu, no aparece; o quizás sea porque éste es un episodio de pasión ardiente en el que la dulce y pura Akashi (que creo está presente en su ausencia cuando Watashi reflexiona acerca de sus posibilidades con las chicas) no tenía motivos sólidos para aparecer. Espero que lo haga en el siguiente. Se lleva un EX a pesar de todos los OH YEAH que acompañan al episodio porque, sin ellos, no es un capítulo que logre superar claramente ni al 2 ni al 5 (mis favoritos hasta la fecha, que también tienen esa nota). Eso sí, nuestro renovado Watashi con su cambio de actitud durante todo el episodio, la confirmación de que sabe que algo está pasando en Kioto y su enfrentamiento final contra la cámara y su destino, bien se merecen un Fucking Win. Y eso no es todo, sino que la escena en el apartamento de Hanuki con el consejo de glándulas en peso, la aparición estelar de Johnny y toda la jugosa información que se deja caer mientras te partes de risa se merecen la mención de Momento Legendario, por ser una de las mejores escenas que nos ha regalado la serie. Y la semana que viene más, estoy impaciente. |
[anigraph:yojohan,6]
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