| Si se va a intentar desarrollar todos los capítulos con combates de por medio creo que resulta muy necesario darle algo más de vida a los mismos, porque de momento, aún con todos los tipos de materias que hay, todo se acaba resolviendo en un “a ver cuántos puntos de stats tengo y después un golpe y se acabó”. De momento puede colar, y de hecho lo hace, pero gracias a lo simpático de los chibi-personajes y al sentido de humor que desprende la serie, pero me temo que a a la larga eso no será suficiente para mantener la atención del espectador. Lo que sí está claro es que la serie es un filón abismal de merchandising, tanto para juegos en el móvil como para figuritas y doujinshi de los personajes, a lo cual el estudio le da más fuego con sus escenas ligeras de ecchi y sus momentos de cross-dressing. |
| Brutal. El sentido del humor de esta serie es brutal. Pero… no se me ocurre mucho que comentar, realmente. Han sido puntazos: la mesa colgando durante medio capítulo, Yuuji y su Badassery de Chessmaster frustrado, Muttsurini en general, Yoshii con su parodia de IAm Not Left Handed, su idiotez suprema y su demonio interior con overlay y texto, y la kawaiiness general de Himeji. No han sido puntazos: la tipa de los rizos que acosa a Minami (Kuroko le pega ocho mil tortas, no comparéis), la traducción de gg (“¡llámame Minami-sama!” queda traducido como “call me honey!” — no es lo mismo), lo predecible del resultado de la guerra, y que las batallas no presenten estrategia ninguna, sino que vayan decididas por conveniencia del argumento. Aun así, me he reído como un condenado. |
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